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Me cuesta escribir de luchas que ya todo el mundo ha visto, amado, y hablado, porque no sé que más puedo aportar. Lo que todo el mundo ha dicho es que la gracia de la lucha radica en que es minimalista en un mundo maximalista, Yuya apunta al brazo de Oiwa, Oiwa apunta al cuello de Yuya, no importa lo que pase, si van a las cuerdas, si los golpes, si hay suplex, siempre, pero siempre, vuelven a la zona que están atacando, una y otra vez, no hay un spot enfermo fuera del ring, no hay una secuencia de movidas finales de lado y lado, hay dos tipos tratando de rendir al otro debilitando una zona, de principio a fin, y es hermoso. Y sí, estoy diciendo lo mismo que todos, y es porque, es así no más, es verdad, es una lucha hermosa por lo simple, pero si algo puedo sumar, es que dentro de lo poco que conozco, se siente como NJPW. Recuerdo cuando veía las maravillosas luchas de los 4 pilares, y me topé con Hashimoto contra Sasaki, duraba pocos minutos, se golpeaban hasta que uno noqueaba al otro y listo, hermosa lucha, pero por sobre todo distinta a todo lo que había visto. Recuerdo también cuando me motivé con la NJPW moderna en los 2010 y vi a Suzuki pelear con Tana la mejor lucha de toda esa época sin una sola cobertura. Ese tipo de cosas son geniales, y para qué estamos con cosas, en la cabeza de todo el mundo, el 2026, un evento estelar de NJPW es un spot al borde del ring para pasar a una secuencia eterna de movidas finales, que dos tipos salgan a hacer una lucha así en la segunda lucha más importante del año de la empresa es algo que debe ser celebrado por cualquiera que ame la lucha libre.
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